La juez Débora

El papel que las mujeres han desempeñado en relación con el Derecho a lo largo de la Historia aparece frecuentemente unido al de la condición de villano o víctima. Sin embargo, algunas mujeres se nos presentan como pioneras, auténticos referentes del papel de la mujer en un mundo de hombres. Débora es la primera mujer juez de la que se tiene noticia histórica. La comprensión de la posición que desempeñaba, así como del análisis de los elementos que configuran su perfil a través de los textos históricos nos permiten una novedosa aportación a la perspectiva de la mujer en el Derecho.

PROEMIO1

Hace ya diez años que me sedujo la idea de lanzar una serie de artículos divulgativos sobre el papel de las mujeres en el Derecho a través de la historia, pero como protagonistas inapelables de esa historia. Mujeres pioneras en un mundo de hombres, desde una perspectiva pedagógica más que erudita, que no pretende un análisis científico profundo desde el punto de vista historicista sino más bien destacar la aportación desde el punto de vista del Derecho.

Mi curiosidad por este papel de las mujeres se ha visto reforzado en los poco más de tres años que he tenido el honor de servir a España en el Congreso de los Diputados. Las largas horas en el salón de plenos me han permitido observar y reflexionar acerca del papel de la mujer en la elaboración de las leyes, en el gobierno, en la impartición de justicia. Estas reflexiones me acercaron a la elaboración de unas conclusiones provisionales (tesis), que de seguir el método hegeliano me exigirían someterlas ahora a verificación o contradicción (antítesis) para concluir finalmente en una síntesis que me permitiera  finalmente aportar algún elemento novedoso, un punto de vista diferente, o al menos, una perspectiva original en el tratamiento de los textos y las ideas extraídas a partir de su estudio.

Esas reflexiones previas al estudio de las protagonistas de esta serie tienen dos ejes fundamentales. En primer lugar, la elección del punto de partida, que presenté en su momento en el Seminario Permanente de Ciencias Sociales organizado por mi Facultad de Ciencias Sociales de Cuenca (UCLM), sobre la juez Déborah, que constituye el germen del artículo con el comienzo esta tarea. El otro eje lo constituye la comprobación de que el papel de la mujer hasta el siglo XX, e incluso durante la primera mitad del mismo, ha sido residual en el mundo del Derecho, en la presencia institucional y en la participación de las decisiones del poder político y en el mundo del derecho, en general. Sería objeto de otro estudio y, posiblemente en otra sede, el hecho de analizar si en la actualidad esa presencia se corresponde con la que debería tener.

Merecería quizá un mayor análisis el hecho de que quizá ha sido la monarquía la institución más igualitaria a través de la historia, a pesar la de habitual prevalencia del varón que subsisten en nuestra Carta Magna. Es en realidad la única que ha permitido mujeres con poder de decisión, reinas con posibilidades de ejercicio del poder, al menos en igualdad de condiciones con los hombres.

En próximos capítulos abordaré el estudio de algunas de ellas, y de otras que han tenido un papel muy relevante para el Derecho y los derechos, de las mujeres y de los hombres. No estoy muy segura de si va a ser un análisis desde una perspectiva de género, feminista, o simplemente femenina, como categoriza Navarro2, pero en todo caso lo que si pretendo es que sea rigurosa, aunque se trate de un texto preferentemente divulgativo, en el que se trata de hacer accesible al lector interesado por la cultura los estudios científicos que promueve esta publicación. Tampoco se realizará esta serie en una secuencia cronológica, sino en función del interés que cada figura pueda tener para la actualidad de momento. De momento, comenzamos por el principio.

1.- Introducción:

El Antiguo Testamento (Tanaj para los judíos) es un entramado de textos de diverso valor histórico, jurídico y literario que conforman una visión del mundo hebreo en la Antigüedad. El papel de la mujer en el mundo antiguo ha sido objeto de numerosos estudios; éste pretende ser una mera aproximación a una figura que despierta mi interés por ser la primera mujer juez de la que se tiene referencia histórica. No es por lo tanto un acercamiento erudito de una conocedora de las escrituras, o de una especialista en Derecho hebreo. Es solamente el afán de profundizar en algunos aspectos que normalmente no estudiamos quienes tenemos como línea preferente de investigación el derecho positivo, pero que somos conscientes de que la sociedad actual necesita un mayor conocimiento de los referentes femeninos a los que hacía mención con anterioridad.

Sin embargo, el papel que la mujer ha desempeñado en la sociedad hebrea en la antigüedad es bien conocido por el número de estudios sobre la materia, tal vez por la facilidad de acceder a las fuentes, muchas de ellas constitutivas de la propia ley hebrea. Y como suele suceder cuando dichas fuentes se consideran tanto desde la perspectiva de la Historia como la de la Religión, la interpretación que se haga de las mismas dará análisis no sólo diferentes, sino, en ocasiones, absolutamente divergentes. De esta manera, no es infrecuente observar conclusiones reduccionistas en el sentido de que el Antiguo Testamento es una evidente manifestación de la represión femenina en su época3, mientras que por otra parte nos encontramos con la valoración de unos textos como profundamente feministas, que muestran una mujer liberada, dueña de su propio destino, basada en la visión idealizada de algunas heroínas descritas en los mismos4, o incluso vestigios de una cultura matriarcal5. Ambas posiciones son, probablemente, erróneas por excesivas.

Como señala Fishelov6, la cuestión estriba en cómo la Biblia describe esos caracteres, y el juicio de valor que tal descripción lleva aparejada, y que, en opinión de este autor, no difiere mucho del que se hace en relación con los personajes masculinos. Incluso una somera lectura del Antiguo Testamento plantea “serias dudas sobre la teoría de que la mujer no puede asumir el liderazgo, por imperativo divino. En las Escrituras no encontramos la desaprobación de Dios, ni su condena, a la actuación de mujeres que ejercieron posiciones de liderazgo, ya fuera en la familia, en la vida civil o en la esfera religiosa”7. Y la conclusión a que podemos llegar es que muchas veces el conocimiento de los personajes bíblicos, mujeres y hombres, nos llega contaminado por la reescritura que doctrina, literatura y arte, fundamentalmente, han hecho de los mismos.

Así, Eva se presenta como el instrumento del mal en la iconografía medieval, frente a la elevación de la cuestionable conducta moral de Judith, en la que el fin justifica los medios, a la categoría de heroica.

Frente a estos prejuicios derivados del conocimiento “cultural” de los textos bíblicos, los estudios de los eruditos, principalmente judíos, sobre la Ley arrojan otra importantísima fuente de información sobre el papel real de la mujer en la sociedad hebrea.

El Talmud, libro de la ley hebrea subordinado a la Torá y que consiste en una obra que recoge la interpretación rabínica de la Ley escrita, se ocupa en la Mishná, primera de las dos partes en que se divide, un orden o subdivisión llamado Nashim, que significa “mujeres”, y se refiere, consecuentemente a todo lo relacionado con las mujeres. Así, Auerbarch selecciona del Talmud de Babilonia los textos agrupados de la manera siguiente: viudas sin hijos (Tratado Yebamoth)8, el contrato matrimonial (Tratado Kethuboth)9, adulterio (Tratado Sotah)10, divorcio (Tratado Gittin)11, y esponsales (Tratado Kiddushin)12.

Aunque estos Tratados no establecen de manera clara la posición femenina, de la interpretación y contextualización que en los mismos se hace del papel de la mujer, así como de la lectura de los libros del Antiguo Testamento, podemos extraer dos ideas fundamentales: el papel de la mujer y el del hombre se derivan directamente de las condiciones presentes en cada época, y la descripción de los personajes en el Antiguo Testamento, tanto de hombres como mujeres se hace, normalmente, desde cierta lejanía y desapasionamiento que sugieren ausencia de prejuicios por razón del sexo.

Sin embargo, las mujeres en el Antiguo Testamento, presentan, como señala Hunt 13, algunas características comunes: en primer lugar, su inquebrantable fe en Dios, lo que es consecuente con el Libro Sagrado por excelencia de las religiones Judía y Cristiana; en segundo lugar, una sorprendente libertad de acción para lo que a priori cabría esperar en su contexto; finalmente, que se trata de personas corrientes que en un determinado momento hacen cosas extraordinarias precisamente por dejarse utilizar por Dios, y una vez han prestado el servicio al pueblo, desaparecen en silencio14. Incluso las mujeres pacíficas y virtuosas, las que desempeñan un papel “tradicional”, son capaces de obtener justicia, como Rut15 o Susana16, ante un Tribunal, si bien con la colaboración masculina conmovida por su virtud.

El personaje del que me voy a ocupar en el presente trabajo, Débora, no está exento de un proceso de mitificación que nos hace llegar una información que se sitúa entre la crónica histórica17 y la leyenda. A ello ha contribuido de forma muy eficaz la reescritura de la Biblia18 desde la literatura, la música o la pintura.

La Profetisa Débora. Gustave Doré

Así vemos con frecuencia a Débora representada como la mano de Dios, frente a la humanidad de quienes le rodean. Desde los dibujos de Gustave Doré hasta los oratorios de Haendel y las óperas de Giacondo Fino o Pizzetti, en Débora no aparecen los claroscuros que desdibujan el sencillo contorno que las Escrituras trazan de los demás. En el caso de Pizzetti, en el libreto de su ópera se permite unas licencias que van más allá del texto bíblico19, creando perfiles propios para sus personajes, imaginando las situaciones que hacen que sus caminos se entrecrucen; pero Débora se mantiene incólume, representa, dentro de la influencia de D´Annuncio que encontramos en Pizzetti, a “una humanidad que busca la afirmación del amor. El dannunzianesimo20 es por lo tanto un medio que transforma la humanidad en «la humanidad sobrehumana», que busca una religión en los eventos de la vida y que rubrica los valores del espíritu en el héroe: aquel que combina en sí mismo todas las experiencias humanas, nuestras experiencias”21.

Más allá de esta imagen idealizada, mi pretensión es ahondar en una figura pionera, la primera juez de quien se tiene una referencia histórica. Para ello, las fuentes históricas y literarias, y los estudios sobre la Biblia y el Antiguo Testamento son las herramientas fundamentales para tratar de trazar un perfil objetivo de una mujer que, entre otras cosas, impartía justicia.

2.- El Libro de los Jueces

El libro de los Jueces es el 7º Libro del Antiguo Testamento, el último del Heptateuco y segundo de los llamados Libros Históricos. Se sitúa tras el Pentateuco (Torá, la Ley), formado por los libros Génesis (Bereshit [בְּרֵאשִׁית]), Éxodo (Shemot [שְׁמוֹת]), Levítico (Vayikrá [וַיִּקְרָא]), Números (Bemidbar [בְּמִדְבַּר]), y Deuteronomio (Devarim [דְּבָרִים]), y entre los Libros de Josué y de Rut, constituye uno de los libros del grupo de Nevi’im (נְבִיאִים) o los Profetas. La ubicación sistemática del Libro de los Jueces tiene gran importancia desde el momento que nos permite entender mejor la esencia del mismo.

Mucho se ha discutido acerca de la cronología de la Biblia, y de si el orden de los Textos Sagrados se corresponde perfectamente con el orden cronológico. Algunos autores22 sitúan el periodo desde la toma de Jericó por Josué (circa 1400 A.C.) hasta el final del mandato de Samuel, último de los jueces (1015 A.C.). Otros23 aventuran una cronología más detallada:

“Quince Jueces se mencionan en la Biblia, comenzando con Otoniel, como veinte años después de Josué, y continuando hasta la coronación de Saúl. La sucesión que se ha registrado de los Jueces, y de los períodos intermedios de opresión, es como sigue:

                                                           Años
Otoniel por el año 1405 A.C.———– 40
Bajo Eglón—————————— 18
Ehud. Etc ———————————- 80
Bajo los filisteos—————– no se sabe
Samgar —————————— no se sabe
Bajo Jabín ——————————- 20
Débora y Barac ————————— 40
Bajo Madián —————————- 7
Gedeón ————————————- 40
Abimelec ———————————– 3
Tola —————————————– 23
Jair —————————————— 22
Bajo los amonitas ———————– 18
Jefté —————————————-  6
Ibzán —————————————- 7
Elón —————————————– 10
Abdón ————————————— 8
Bajo los filisteos ———————— 40
Sansón ————————————– 20
Elí ——————————————- 40
Bajo los filisteos ———————– 30
Samuel como Saúl, ———————— 12
El primer rey, 1095 A.C.

El tiempo transcurrido desde Otoniel hasta Saúl, según la tabla anterior, sería de cosa de 450 años, (…); en tanto que según la cronología recibida es como de 310 años, de los cuales  solamente 111 fueron de ocupación extranjera. Se supone que algunos de los periodos antes mencionados se cruzaron, esto es, fueron simultáneos, a lo menos en parte; pero los cronologistas no encuentran la manera de conciliar las relaciones hechas en Jueces con otras fechas conocidas (…)”

Es problemático datar estas narraciones, como señala Mercedes Navarro24 al tratarse de un libro “compuesto por múltiples relatos y leyendas orales sobre héroes locales, de tribus distintas…”25.

En cualquier caso, no podemos perder de vista que nos situamos en uno de los momentos más convulsos de la historia del pueblo de Israel sobre una de las coordenadas que Catalá26 sitúa en relación con la “entrega de la Tierra prometida por Dios”, como resulta refrendado por los relatos procedentes de otras fuentes y cuyo paralelismo con las fuentes Bíblicas establecen Matthews y Benjamin27. Los asentamientos judíos en lo que habían sido florecientes ciudades cananeas se realizan a través de colonias agrícolas que refuerzan una cultura rural frente a la anterior, preferentemente urbana, con los consiguientes cambios sociales y políticos que tal transformación lleva aparejados28.

En el comienzo de este periodo nos encontramos con las Tribus dispersas, sin unidad de gobierno en lo que Albertz29 ha titulado la “organización antijerárquica del Israel de las Doce Tribus”, contrapunto de la organización monárquica preexistente en los territorios cananeos. Esta organización se basaba en las estructuras de la familia y de la villa, con instituciones de tipo básico. En relación con la Tribu, su organización pivota en torno a los gremios de los “ancianos” y a la “junta de los hombres”, aunque sin articulación institucional30.

La idea de Israel como pueblo, que arranca en el Éxodo en la búsqueda de la Tierra Prometida, y se concreta durante el periodo de los Jueces, sobre todo en el Canto de Débora31 a través de la defensa del territorio, alcanza con los Reyes una estructura propia.

En este contexto de conflicto y dispersión se nos presentan una serie de personas llamadas por Dios para salvar a su pueblo, los jueces, que comparten una serie de características comunes: son personas del pueblo que son instituidas de autoridad por Dios para conducirle a la liberación, desde la auctoritas de su doble condición de juez-gobernante, de líder y persona que, en consecuencia, imparte justicia.

Todas las historias relatadas muestran unas pautas idénticas. Según ellas, el pueblo de Israel se aparta de Dios, Dios lo deja caer en manos de sus enemigos, el pueblo suplica el perdón y Dios envía a un salvador que libera al pueblo. Entonces se establece un periodo de paz de duración variable hasta que se vuelve a repetir la secuencia de hechos. El propio Libro lo relata en el Capítulo 2:

“Condiciones religiosas; desvíos y castigos; mirada general a la historia de los Jueces. (…)

11 Después los hijos de Israel hicieron el mal ante los ojos del Señor, y sirvieron a los baales. 12 Se apartaron del Señor, el Dios de sus padres, que los había sacado de Egipto, y se fueron tras otros dioses, de entre los dioses de los pueblos que los rodeaban, y se postraron ante ellos, irritando al Señor. 13 Apartándose del Señor, sirvieron a Baal y a Astarté 14 Encendióse en cólera el Señor contra Israel y los entregó en manos de salteadores, que los asaltaban y los vendían a los enemigos del contorno, y llegaron a no poder ya resistir a sus enemigos. 15 En cualquier salida que hacían pesaba sobre ellos para mal la mano del Señor, como Él se lo había dicho y jurado, y se vieron en muy gran aprieto.

Oficio de los Jueces

16 El Señor suscitó jueces, que los libraron de sus opresores; 17 pero desobedeciendo también a los jueces se prostituyeron, yéndose detrás de dioses extraños; y los adoraron, apartándose bien pronto del camino que habían seguido sus padres, obedeciendo los preceptos del Señor; no hicieron ellos así. 18Cuando el Señor les suscitaba un juez, estaba con él y los libraba de la opresión de sus enemigos durante la vida del juez, porque se compadecía el Señor de sus gemidos, a causa de los que los oprimían y los perseguían. 19 En muriendo el juez, volvían a corromperse, más todavía que sus padres, yéndose tras los dioses extranjeros para servirlos y adorarlos, sin dejar de cometer sus crímenes, y persistían en seguir su conducta”.32

La referencia al pueblo prostituido constituye una imagen que algunos autores han destacado por su literalidad. Así, el culto a Baal, representación pagana de la fertilidad33 y la llamada prostitución religiosa, de mujeres o de los llamados afeminados, prende entre los hijos de Israel en sus momentos de debilidad que les apartan del Señor34.

En el Deuteronomio, Moisés instituye los jueces para cumplir esa misión de dirigir y juzgar, de liderar la conquista y resolver los conflictos. En los números 10 a 1835 se muestra incapaz de llevar él solo esta tarea y ante el reto de la conquista de Canaá establece las instrucciones a los jueces, de entre los hombres “sabios, perspicaces y experimentados”, elegidos de cada una de las tribus, en una confusión de jefaturas en que el liderazgo y la impartición de justicia van inequívocamente asociados. Lo que resulta claramente reseñado, es la selección de un hombre para la tarea, en consonancia con su papel en el momento histórico de la conquista de la tierra prometida por parte de los judíos.

La novedad de que una mujer asuma el papel de dirigir el enfrentamiento a los cananeos y, por tanto, a su deidad, merece un análisis más detallado en el siguiente apartado.

3.- Débora

Como señala Ginzberg36, no mucho después de Rut, otro ideal de mujer se levantó en Israel, la profetisa Débora, cuyo nombre significa “abeja”37.

La historia de Débora presenta una doble peculiaridad dentro del Libro de Jueces: de una parte, es la única que relata una historia referida a una mujer  aunque con varios protagonistas; de otra, es también la única que se narra dos veces, en prosa en el Capítulo 4, y en verso en el Capítulo 5, en el llamado Canto de Débora, uno de los libros más antiguos de la Biblia hebrea38, fechado entre 1150-1100 y por lo tanto muy próximo a los hechos, aunque no necesariamente escrito por la propia Débora39. Este poema que es al tiempo un himno a Dios y una narración pretendidamente histórica, alcanza precisamente ese carácter épico con su inclusión en el Libro de Jueces40.

A pesar de esta peculiaridad de ser la única cuya historia recogida en dos capítulos, poco nos dicen los Textos Sagrados acerca de quién era Débora y de su vida, más allá de la proyección pública de la misma. Ginzberg41 refiere en su obra Leyendas de los Judíos las discusiones que existen en torno a su genealogía. Así mientras para algunos autores la juez pertenece a la Tribu de Neftalí, para otros es miembro de la Tribu de Efraín, siendo Barak, por su parte, miembro de aquélla, apoyándose en el Capítulo 4 del Libro de los Jueces, que así lo sugiere:

5 Ella se sentaba debajo de la palmera de Débora, entre Ramá y Betel, en la montaña de Efraím, y los israelitas acudían a ella para resolver sus litigios.

6 Débora mandó llamar de Quédes de Neftalí a Barac, hijo de Abi-nóam, y le dijo: «El Señor, el Dios de Israel, te ordena lo siguiente: ‘Ve a reunir en el monte Tabor a diez mil hombres de la tribu de Neftalí y de la tribu de Zabulón.

            Budge,42 establece, de acuerdo con el texto sagrado nestoriano43, que Deborah and Barak fueron líderes, guías del pueblo durante cuarenta años. Los términos empleados “rulers of the people” hacen referencia a ese liderazgo, que ejercieron como gobernantes, en la línea en que los demás jueces ejercieron su autoridad.

Tampoco conocemos muchos datos acerca de su vida personal. El narrador del Capítulo 4 del Libro de Jueces se refiere a ella como  la esposa de Lapidot, en la traducción más aceptada:

4 En aquel tiempo, juzgaba a Israel una profetisa llamada Débora, esposa de Lapidot.

En este punto no ha habido acuerdo entre los exégetas. Débora es eshet lappidot, lo que puede significar “mujer (de la ciudad) de Lappidoth”, esposa de (el hombre llamado) Lapidoth” o incluso mujer de antorchas, mujer de llamas, o lo que es lo mismo, mujer incendiaria o de gran fiereza44  haciendo referencia, por tanto, a su carácter y no a su relación45. La tradición rabínica también interpreta la referencia eshet lappidot a la ocupación de Débora, que no era otra que fabricar velas para el Tabernáculo46, lo que halló agrado a los ojos de Yavéh.

Además, una importante tradición rabínica identifica a Barak, como esposo de Débora47, con Lapidot en virtud de una traducción del texto hebreo por la cual Barak significa “rayos”, lo que se considera sinónimo de Lapidoth. En este sentido, algunos48 han señalado que el marido de Débora tenía tres nombres: Barak, Michael y Lapidot: Barak, porque su cara era como el relámpago; Michael, porque él se rebajaría, o iría tras el ángel de este nombre; y Lapidot porque gracias a las velas que el llevó al Tabernáculo de Shiloh por indicación de Débora le hizo ser escogido entre los individuos que merecerían estar en la vida del “Mundo por Venir”49.

Otros, consideran a Barak como hijo de Débora50; finalmente, algunos descartan cualquier tipo de relación personal entre ellos basándose en que “Barak pertenecía a otra Tribu (y la Ley Mosaica establecía el matrimonio dentro de la propia Tribu), y aparentemente él vivía en otro lugar, en el norte de Israel, pues ella lo mandó a llamar (v. 6) desde su ciudad”51.

Cualquiera que fueran sus relaciones con Barak o sus ocupaciones profesionales o vocacionales, los Textos Sagrados y la tradición rabínica presentan a Débora como un personaje único. En ella se aúnan las condiciones de profeta, heroína y juez. Y no sólo porque en ella se aúnan las condiciones expuestas: es que lo hacen en condiciones exclusivas. Así, podemos afirmar que entre todos los Jueces ella fue la única Juez mujer; la única de los Jueces que fue también Profeta; y finalmente fue la única que juzgó sobre todo Israel, mientras que todos los demás Jueces gobernaron sólo sobre la propia Tribu. (ImNin’alu.net).

Como juez, Débora “se sentaba debajo de la palmera de Débora, entre Ramá y Betel, en la montaña de Efraím, y los israelitas acudían a ella para resolver sus litigios” (Jueces, 4,5). Para algunos autores esta imagen es simbólica, Débora se sentaría bajo la palmera a enseñar la Torá en público y la gente acudiría a oírla; para otros, es la propia palmera lo que simboliza la unión en la Fe en Dios: las ramas surgen de un mismo corazón. Finalmente, otros no consideran un contenido simbólico en esta imagen, sino que entienden que el hecho de que Débora se sentara fuera de la tienda, bajo la palmera, se debe a que una mujer no podía permanecer sola con hombres en el interior de su casa52. Esta imagen entronca, en cualquier caso, con la idea de que en “cada ciudad, las disputas y procesos eran solventados por los ancianos, es decir los jefes de las familias del clan, los notables del lugar. Se sentaban a la puerta de la ciudad, donde se discutían todos los negocios de la comunidad”53. Así lo vemos en el libro de Rut cuando Booz arregla su matrimonio con Rut:

1 Booz subió hasta la puerta de la ciudad y se sentó allí. Cuando pasó por ese lugar el pariente del que había hablado antes, le dijo: «Amigo, acércate y siéntate aquí». El hombre se acercó y se sentó.

2 Luego Booz llamó a diez ancianos de la ciudad, diciéndoles: «Siéntense aquí». Ellos se sentaron, 3 y él dijo a su pariente: «Noemí ha vuelto de los campos de Moab y ha puesto en venta la parcela de nuestro hermano Elimélec.

4 Me ha parecido bien informarte de esto y sugerirte que la compres en presencia de los que están aquí sentados y de los ancianos de mi pueblo. Si tú quieres ejercer tu derecho de rescate, puedes hacerlo; de lo contrario, dímelo para que yo lo sepa. Tú eres el primero que puede ejercer ese derecho, y después vengo yo». El hombre le respondió: «Está bien, lo haré».

5 Pero Booz añadió: «Si le compras a Noemí la parcela de campo, también tendrás que casarte con Rut, la moabita, esposa del difunto, a fin de perpetuar el nombre de este sobre su patrimonio».

6 Él respondió: «En esas condiciones yo no puedo comprar, porque perjudicaría a mis herederos. Ejerce tú mi derecho, porque yo no puedo hacerlo». (Rut 4,1-6)

Esa labor de mediación, de arbitraje y negociación, si se quiere, tan gráficamente reflejada en el texto precedente, es la que De Vaux54 considera propia de los jueces en este periodo en el sentido de que su función “no es tanto imponer una pena como resolver un litigio haciendo respetar la justicia. Es más bien un defensor del derecho, Am 5,10, que un castigador del crimen. Es un árbitro equitativo, Job 9,33”.

Así pues, Débora sería juez, en un sentido “deuteronomístico”55 , que no desempeña sólo la función jurisdiccional tal y como es hoy entendida, aunque, como ya hemos visto, en el caso de Débora también se daría esta perspectiva56. Así BUDGE57 establece que los jueces son “rulers of the people”, esto es regidores del pueblo, guías, pastores.

 Menos pionera resulta en su labor profética desde momento en que antes de destacar su don en el Libro de los Jueces, María, hermana de Aarón, y por tanto también de Moisés, considerado junto con Abraham el auténtico padre del profetismo58, es presentada expresamente como profeta en el Éxodo 15,20-21:

20 Entonces María, la profetisa, hermana de Aarón, tomó en sus manos un tímpano, y todas las mujeres seguían en pos de ella con tímpanos y danzando; 21 y María respondía a los hijos de Israel:

Cantad al Señor, que ha triunfado gloriosamente;

Precipitando en el mar al caballo y al caballero”.

La manifestación profética de Débora se impone a la de líder en tanto que no dirige la acción guerrera contra los enemigos, sino que anima, sostiene e inspira a los militares en su esfuerzo liberador59, pero está estrechamente vinculada a ésta. Débora es profetisa en tanto que incita y lidera espiritualmente la guerra de liberación contra el enemigo, y lo hace en su condición de instrumento divino, que atribuye los papeles que desempeñarán los diferentes protagonistas en función de la fe que los mismos demuestren a Dios:

6 Débora mandó llamar de Quédes de Neftalí a Barac, hijo de Abi-nóam, y le dijo: «El Señor, el Dios de Israel, te ordena lo siguiente: ‘Ve a reunir en el monte Tabor a diez mil hombres de la tribu de Neftalí y de la tribu de Zabulón.

7 Yo atraeré hacia ti, al torrente Quisón, a Sísara, jefe del ejército de Iabín, con sus carros y sus tropas, y los pondré en tus manos’».

8 Barac le respondió: «Si tú vienes conmigo, iré; pero si no vienes, no iré».

9 Ella le dijo: «Yo iré contigo; pero entonces la gloria de la campaña que vas a emprender no será para ti, porque el Señor pondrá a Sísara en manos de una mujer». (Jueces 4-6-9).

Aquí su rol de profetisa adquiere papel preeminente, junto a la líder y  frente a la juez. Débora anuncia que la falta de fe de Barak le privará del mérito de la victoria total, la muerte de Sísara que ya no será por su mano sino por la de otra mujer, Jael, quien le arrebatará la gloria al dar muerte por su mano al enemigo.

El protagonismo del liderazgo se recupera no sólo con la declaración de que le acompañará en la batalla, sino también al observar en el relato que su participación al impulsar la acción del general Barak se hace más más evidente en el comienzo de la batalla y no sólo en su preparación.

14 Débora dijo a Barac: «Levántate, porque ha llegado el día en que el Señor pondrá en tus manos a Sísara. El Señor va delante de ti». Entonces Barac bajó del monte Tabor, al frente de los diez mil hombres,

15 y el Señor hizo que Sísara, todos sus carros y todo su ejército huyeran despavoridos delante de Barac. Sísara se bajó de su carro de guerra y huyó a pie. (Jueces 4, 14-15)

En cuanto a su liderazgo sobre el pueblo e incluso sobre los ejércitos queda especialmente subrayado en las dos narraciones. Ya se ha hecho referencia a la iniciativa de Débora de convocar a Barak para dirigir la batalla, y a señalar los momentos y lugares indicados para la actuación. Pero además ese sentido de dirección militar, estratégica incluso, queda perfectamente pergeñado por Débora, quien elige además la mano ejecutora de la venganza contra Sísara, y a quien atribuirá el mérito de la victoria total:

9 Ella le dijo: «Yo iré contigo; pero entonces la gloria de la campaña que vas a emprender no será para ti, porque el Señor pondrá a Sísara en manos de una mujer». (Jueces 4,9)

 Jael es, por su parte, una mujer que, como Débora, acepta convertirse en instrumento de Dios para humillación de sus enemigos:

17 Mientras tanto, Sísara huyó a pie hasta la carpa de Jael, la esposa de Jéber, el quenita, porque Iabín, rey de Jasor, y el clan de Jéber, el quenita, estaban en buenas relaciones.

18 Jael le salió al encuentro y le dijo: «Ven, señor mío, pasa por aquí. No temas». Él entró en su carpa, y ella lo tapó con una manta.

19 Él le dijo: «Por favor, dame un poco de agua, porque tengo sed». Ella abrió un recipiente donde había leche y le dio de beber. Luego lo volvió a cubrir.

20 Él le siguió diciendo: «Quédate a la entrada de la carpa, y si viene alguien y te pregunta: ‘¿Hay aquí algún hombre?’, respóndele que no».

21 Pero Jael, la esposa de Jéber, sacó una estaca de la carpa, tomó en su mano un martillo y, acercándose a él sigilosamente, le clavó la estaca en la sien, hasta hundirla en la tierra. Sísara estaba profundamente dormido, agotado por el cansancio. Cuando ya estaba muerto,

22 llegó Barac, que venía persiguiendo a Sísara. Jael le salió al encuentro y le dijo: «Ven y te mostraré al hombre que buscas». Él entró junto con ella, y vio a Sísara que yacía muerto, con la estaca clavada en la sien.

23 Así humilló Dios aquel día a Iabín, rey de Canaán, delante de los israelitas. (jueces, 4, 17-23).

Por último, conviene señalar que el papel fundamental de Débora es el de mover a un “jefe carismático de la época premonárquica” a la batalla por la sola mención de la indicación divina60. El dejarse “usar” por Dios constituye su mayor grandeza según las escrituras. La misma grandeza que hace de ella un personaje de enormes dimensiones, con una posición equivalente a la del comandante en jefe del ejército de quien Barak recibía órdenes61.

            En conclusión, Débora es en su simplicidad, un personaje complejo, fabricante de velas para gloria del Señor según la tradición rabínica; juez por su autoridad humana, y profeta y madre de Israel por disposición divina62. La máxima expresión de esta grandeza se encuentra precisamente en el Canto de Débora:

7 Ya no había más jefes,
no había ni uno solo en Israel,
hasta que te levantaste tú, Débora,
hasta que te levantaste tú, madre en Israel.

4.- Referencias

  • Albertz, R. (1999). Historia de la Religión de Israel en tiempos del Antiguo Testamento. Madrid: Editorial Trotta
  • Álvarez-Barredo, M. (1998). “El Canto de Débora (Jue 5,1-31). Perfiles Literarios y Teológicos”. En Verdad y Vida: Revista de las Ciencias del Espíritu vol. 56, nº 223.
  • Auerbarch, L. (1944). The Babylonian Talmud in Selection. New York: Philosophical Library.
  • Bright-Parales, H. (1998). Hidden Voices: Biblical Women and Our Christian Heritage. Macon, Georgia: Smyth & Helwys Publishing, Inc.
  • Budge, E.A.W. (Ed) (1886). The Book of the Bee. Oxford: The Claredon Press, en Weimer, Chr. M. (Ed.). Recuperado el 12 de noviembre de 2010 de http://www.sacred-texts.com/chr/bb/index.htm
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Silvia Valmaña-Ochaita
Profesora Titular de Derecho Penal
Universidad de Castilla La Mancha


  1. Una primera versión de este trabajo ha sido publicada como Documento de Trabajo en Valmaña, S. (2009). Mujer y Derecho: Protagonistas de la Historia (I) La Juez Débora. En Documentos de Trabajo. Seminario Permanente de Ciencias Sociales. Documento de trabajo 2009/8. Ed. Facultad de Ciencias Sociales (UCLM). Cuenca
  2. NAVARRO, M. (2009)  “Biblia, mujeres, feminismo. I Parte biblia Hebrea”, en Ilu, Revista de Ciencias de las Religiones, 14, pág. 233
  3. Por ejemplo, vid. Bright-Parales, H. (1998). Hidden Voices: Biblical Women and Our Christian Heritage. Págs. 18 y ss. Macon, Georgia: Smyth & Helwys Publishing, Inc-Parales, 1998; también en Catalá, S. (2000). “Diálogos entre el Derecho Divino y el Humano en las religiones Abrahámicas”,  passim. En Studia Académica, nº 14. Cuenca: Centro Asociado de Cuenca, Universidad Nacional de Educación a Distancia.
  4. Nowell, I. (1997). Women in the Old Testament, passim. Collegeville, Minnesota: The Order of St. Benedict, Inc., The Liturgical Press.
  5. Graves, R y Patay, R (2003). Los mitos hebreos. El libro del Génesis, pág. 11. Madrid: Alianza Editorial.
  6. Fishelov, D. (2005). “Biblical Women in World and Hebrew Literature”, Jewish Women. A Comprehensive Historical Encyclopedia,  passim. Recuperado el 12 de noviembre de 2010 de http://jwa.org/encyclopedia/article/biblical-women-in-world-and-hebrew-literature.
  7. Muñiz, M. (1997). “La interpretación bíblica y el papel de la mujer”. ALETHEIA,  nº 12. Recuperado el 8 de noviembre de 2010 de:  http://estudios.iglesia.net/pdf/mujer.pdf
  8. Auerbach, L. (1944). The Babylonian Talmud in Selection, págs. 155 y ss. New York: Philosophical Library.
  9. Auerbach, L. (1944), cit, págs. 157 y ss.
  10. Auerbach, L. (1944), cit, págs. 171 y ss.
  11. Auerbach, L. (1944), cit, págs. 175 y ss.
  12. Auerbach, L. (1944), cit, págs. 181 y ss.
  13. Hunt, G. (2002). Women of the Old Testament: 12 Studies for Individuals Or Groups, págs. 5 y ss. Madison, Wisconsin: InterVarsity Press.
  14. Mesters, C. y Storniolo, I. (1996). Historias de Rut, Judit y Ester. Introducción a tres libros del Antiguo Testamento, passim. Madrid: Ed. San Pablo.
  15. Mesters, C. y Storniolo, I. (1996). Cit., passim..
  16. Oliver-Sola, M.C., Soria-Oliver, M. (2009). “Dos procesos históricos: Susana y Flora”, págs. 22 y ss., Revista General de Derecho Romano, nº 13
  17. Con detalles que subrayan la historicidad del relato bíblico, como la referencia a la desigualdad de medios entre el ejército judío y el cananeo. Vid. ROPERO A. (2013), “Introducción”, en FLAVIO JOSEFO Antigüedades de los judíos, E-book. Editorial Clie, Viladecavalls.
  18. Exum, Ch. (Ed.) (2007). Retellings: The Bible in Literature, Music, Art and Film, passim. Leiden: Brill
  19. Leneman, H. (2007). “Re-visioning a Biblical Story through Libretto and Music: Debora e Jaele by Ildebrando Pizzetti”, págs. 78 y ss. En Ch. Exum (Ed.) Retellings: The Bible in Literature, Music, Art and Film. Leiden: Brill.
  20. Por dannunzianesimo se entiende el seguimiento de las tendencias puestas de moda por el poeta italiano D’Annunzio, caracterizado por un esteticismo de corte narcisista, pomposo y con escaso fundamento, que influyó en la forma de entender la vida, la literatura y la política de los italianos de su época.
  21. Dizzionario dell´opera. Voz: Debora e Jaele. Recuperado el 12 de noviembre de 2010 de http://delteatro.it/dizionario_dell_opera/d/debora_e_jaele.php. dell´opera
  22. Pounds, W. (2002). La Cronología de la Historia de Israel. Un mapa cronológico de la gente, los lugares y el tiempo de Israel. Recuperado el 12 de noviembre de 2010 de http://www.abideinchrist.org/es/chronisres.html.
  23. Rand, W.W. (2007) Diccionario de la Santa Biblia, pág. 343 Nashville (Tennesse): Grupo Nelson.
  24. Navarro, M. (2013): Violencia, sexismo, silencio: In-conclusiones en el Libro de los Jueces, págs. 3 y 4. Estella. Ed. Verbo Divino.
  25. Navarro, M. (2013), cit., pág. 4
  26. Catalá, S. (2010). “La violencia en las Religiones Abrahámicas”, pág. 26; en A. Motilla (Coord.), Violencia e Islam. Granada: Comares.
  27. Matthews, v.H. y Benjamin, D.C. (2004). Paralelos del Antiguo Testamento. Leyes y relatos del Antiguo Oriente Bíblico, passim. Santander: Ed. Sal Terrae.
  28. Albertz, R. (1999). Historia de la Religión de Israel en tiempos del Antiguo Testamento, pág. 130 y ss. Madrid
  29. Albertz, R. (1999) cit., págs. 137
  30. vid. ampliamente en Albertz, R. (1999), cit., págs. 139 y ss.
  31. García-Trapiello, J. (1997). La autoridad política en la Biblia. Origen y desarrollo en el Antiguo Testamento, pág. 61. Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos.
  32. Las referencias de la Biblia se han tomado de la edición de Puzo, F. (Trad.) (1986). Sagrada Biblia. Notas y comentarios del Pontífico Instituto Bíblico de Roma. Barcelona: Editors S.A.
  33. Charpentier, E. (2005). Para leer el Antiguo Testamento, pág. 43. Pamplona: Ed. Verbo Divino.
  34. Dufour, P. (1999). La prostitución en la Antigüedad, págs.. 39 y ss. San Sebastián: Roger Editor
  35. Deuteronomio 9-18:«9. Yo os hablé entonces y os dije: «No puedo cargar con todos vosotros yo solo. 10. Yahveh, vuestro Dios, os ha multiplicado y sois ahora tan numerosos como las estrellas del cielo. 11. Yahveh, el Dios de vuestros padres, os aumente mil veces más todavía y os bendiga como os ha prometido. 12. Pero ¿cómo voy a poder yo solo llevar vuestro peso, vuestra carga y vuestros litigios? 13. Escoged entre vosotros hombres sabios, perspicaces y experimentados, de cada una de vuestras tribus, y yo los pondré a vuestra cabeza.» 14. Me respondisteis: «Está bien lo que propones hacer.» 15. Yo tomé, entre los jefes de vuestras tribus, hombres sabios y experimentados, y los hice jefes vuestros: jefes de millar, de cien, de cincuenta y de diez, así como escribas para vuestras tribus. 16. Y di entonces esta orden a vuestros jueces: «Escucharéis lo que haya entre vuestros hermanos y administraréis justicia entre un hombre y su hermano o un forastero. 17. No haréis en juicio acepción de personas, escucharéis al pequeño lo mismo que al grande, no tendréis miedo al hombre, pues la sentencia es de Dios. El asunto que os resulte demasiado difícil, me lo remitiréis a mí, y yo lo oiré.» 18. Yo os prescribí entonces todo lo que tenías que hacer.»
  36. Ginzberg, L. (1913). The Legends of the Jews. Volume IV. Bible Times and Characters  from Joshua to Esther,  págs. 34 y ss. Philadelphia:  The Jewish Publication Society of America. Edición de Cosimo Inc. New York (2005).
  37. Meyers, C.L., Craven, T. y Shepard-Kraemer, R.  (2001). Women in scripture: a dictionary of named and unnamed women in the Hebrew Bible, the Apocryphal/Deuterocanonical books, and the New Testament, pág. 65. Grand Rapids (Michigan): Wm. B. Eerdmans Publishing., Craven y Shepard- Kraemer.
  38. Álvarez-Barredo, M. (1998). “El Canto de Débora (Jue 5,1-31). Perfiles Literarios y Teológicos”, pág. 327. En Verdad y Vida: Revista de las Ciencias del Espíritu vol. 56, nº 223.
  39. Sáenz-Badillos, A. (1980). “Introdución a Jueces. Notas”, pág. 53. En F. Cantera Burgos, & M. Iglesias-González,  La Biblia. T. II. Profetas antiguos. Madrid: Salvat Editores.
  40. Álvarez-Barredo, M. (1998) cit., pág . 339 y ss.
  41. Ginzberg, L. (1956), The Legends of the Jews: From Moses to Esther: Notes for Volumes 3 and 4, págs. 194 y ss. Philadelphia:  The Jewish Publication Society of America. The John Hopkins Paperbacks Edition (1998). Baltimore: The John Hopkins University Press.
  42. Budge, E.A.W. (Ed) (1886). The Book of the Bee. Oxford: The Claredon Press, en Weimer, Chr. M. (Ed.). Recuperado el 12 de noviembre de 2010 de http://www.sacred-texts.com/chr/bb/index.htm  . Pág. 67.
  43. Como señala en su nota introductoria, The Book of the Bee es la historia sagrada de los Cristianos Nestorianos; fue escrita alrededor de 1222 antes de Cristo por el obispo sirio Salomón, cuyo único objeto fue presentar la historia completa de la Dispensación Cristiana de acuerdo con los Nestorianos.  Budge, E.A.W. (Ed) (1927), The Book of the Cave of Treasures. Págs. 26 y 27. Recuperado el 1 de marzo de 2011 de http://www.sacred-texts.com/chr/bct/bct03.htm . A este respecto conviene aclarar que, según la doctrina decimonónica llamada Dispensacionalismo, por Dispensación Cristiana se entiende la sucesión de periodos a lo largo de la historia a través de los cuales Dios se relaciona con los hombres a través de sucesivos pactos. Por otra parte, el cristianismo ortodoxo de dogma nestoriano es una doctrina que considera en Cristo literalmente dos personas, una humana y una divina, distintas y separadas, que conforman en sí mismas a un solo Cristo. Vid ampliamente en Santos, a. (1978).  “Historia de la Iglesia. Iglesias orientales separadas”, en Fliche, A. (dir.), Martin, V. (dir.), Javierre, J.M. (ed. Española) Historia de la Iglesia, Vol. 30. Edicep, Valencia. Passim. También en DRAPER, J.G.(1876)  Historia de los conflictos entre la religión y la ciencia, Madrid. Imprenta, Estereotipia y Galvanoplastia de Aribau y C.ª (Sucesores de Rivadeneyra) Recuperado el 25 de noviembre de 2019 de http://www.filosofia.org/aut/dra/index.htm; DRAPER señala en relación con la visión de Nestor hacia la Virgen María que “la Virgen debía considerarse, no como madre de Dios, sino como madre de la parte humana de Cristo, siendo esta parte tan distinta esencialmente de la divina, como puede serlo un templo de la deidad que contiene”. http://www.filosofia.org/aut/dra/per03.htm Recuperado el 25 de noviembre de 2019.
  44. Ginzberg, L. (1956), cit., págs. 195. Philadelphia:  The Jewish Publication Society of America. The John Hopkins Paperbacks Edition (1998). Baltimore: The John Hopkins University Press. Vid. También Meyers, C.L., Craven, T., y Shepard-Kraemer, R.  (2001). Women in scripture: a dictionary of named and unnamed women in the Hebrew Bible, the Apocryphal/Deuterocanonical books, and the New Testament. Grand Rapids (Michigan): Wm. B. Eerdmans Publishing.
  45. ImNin’alu.net. Mujeres de la Biblia. Recuperado el 8 de octubre de 2010 de http://www.imninalu.net/Mujeres_02.htm#Deborah
  46. Kadari, T. (2006). “Deborah 2: Midrash and Aggadah” passim. En Hyman, P.E. y Ofer D. (Eds.)  Jewish Women: A Comprehensive Historical Encyclopedia. Midrash and Aggadah – Biblical Women in the Eyes of the Rabbis. Jerusalem: Shalvi Publishing Ltd. (CD-Rom). También en Kadari, T.  (2009). «Deborah 2: Midrash and Aggadah.». En Jewish Women: A Comprehensive Historical Encyclopedia. Jewish Women’s Archive. Recuperado el 18 de enero de 2011 <http://jwa.org/encyclopedia/article/deborah-2-midrash-and-aggadah>.
  47. Ginzberg, L. (1913), cit. pág. 35.
  48. Como sucede en la edición del Talmud realizada por Rabbinovicz llamada Diqduqe Soferim. En Ginzberg (1956), cit., pág. 196.
  49. Kadari, T.(2006), cit. passim.
  50. Así, Ambrosius en De Viduis, afirma tal parentesco, tal y como recoge Ginzberg, en el volumen VI de su trabajo Legends of the Jews dedicado a las notas correspondientes a los volúmenes 3 y 4 de dicha obra. En Ginzberg (1956), cit., pág. 196.
  51. ImNin’alu.net. Mujeres de la Biblia. Recuperado el 8 de octubre de 2010 de http://www.imninalu.net/Mujeres_02.htm#Deborah
  52. Kadari, T. (2006). Cit., passim.
  53. De Vaux, R. (1976). Instituciones del Antiguo Testamento,  págs. 217 y ss. Barcelona: Editorial Heder.
  54. De Vaux, R. (1976), cit. Pág. 223
  55. Sáenz-Badillos, A. (1980), cit. pág 53.
  56. Nowell, I. (1997), cit., pág. 64.
  57. Budge, E.A.W. (Ed) (1886), cit., pág. 66 y ss.
  58. Cavedo, R. (1996). Profetas. Historia y teología del profetismo en el Antiguo Testamento. Madrid: Ed. San Pablo. Págs. 17 y ss
  59. Monloubou, L. (1983). “Los profetas del Antiguo Testamento”, pág. 14. En Cuadernos Bíblicos nº 43. Pamplona: Ed. Verbo Divino.
  60. Noth, M. (1985). Estudios sobre el Antiguo Testamento. Salamanca. Ediciones Sígueme.  Pág. 251.
  61. ImNin’alu.net. Mujeres de la Biblia, cit.
  62. Meyers, C.L., Craven, T. y Shepard-Kraemer, R. (2001) cit., págs. 66 y 67.